sábado, 26 de febrero de 2011

Felicidad.

Dicen que enamorarse es un acto reflejo… como tener miedo. 
Yo fui una niña sin miedo: no me asustaban los fantasmas, 
ni los monstruos, ni la oscuridad. Podía mirar debajo de la cama 
segura de que no había esqueletos ni vampiros. 
Podía enfrentarme a las niñas de 5º segura de que no me quitarían 
la merienda. Y así, hasta hoy, segura de que puedo coger una magnum y avanzar por un callejón vaciando el cargador, 
porque no es eso lo que me da miedo. Lo que me aterra es decir 
que sí a algo que no podré cambiar mañana, pensar en un sofá 
para toda la vida, en un crédito hipotecario, 
en una declaración conjunta o en un “esta tarde tenemos que hablar”, buscar colegios y canguros y pensar en un lugar para 
vivir cuando ya no tengamos pulso para sostener la magnum. 
Y de pronto todo ese terror se empieza a disfrutar como el looping 
de una montaña rusa, y eso es la felicidad.

1 comentario:

  1. muy cierto y te entiedno muy bien,lo de verdaderamente importante es lo que nos preocupa mas....saludos

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